El amor, una taquicardia efectiva

Amor. Una palabra tan corta y tan reveladora a la vez. El tema universal por excelencia. Tan pronto es el motor de nuestras vidas como nos asfixia por culpa del dolor. A menudo lo idealizamos y se convierte en una especie de meta, todos queremos formar parte de aquellos cuentos de hadas que de pequeños nos explicaban y encontrar nuestro príncipe o nuestra princesa. Pero, ¿Qué pasaría si mostráramos una cara del amor a la cual no estamos acostumbrados? No pretendo desmitificarlo, ni mucho menos, sino abordarlo sobre una perspectiva diferente: desde la química.

¿El amor es como nos lo pintan en los cuentos?

Cuando somos golpeados por la flecha de Cupido ni siquiera nos preguntamos cuál es la razón científica de ciertos sentimientos como el amor, solo sabemos sentirnos plenos de alegría y de felicidad y vivir con mariposas al estómago. ¿Pero el amor es afinidad y atracción o bien es una tormenta química? Sea como fuere, seguro que nunca os habéis planteado el amor como una taquicardia afectiva. Este es el término que han utilizado científicos de la universidad de Granada, los cuales han llevado a cabo los estudios más completos hasta ahora sobre los mecanismos fisiológicos que provoca el amor en las personas y sobre qué es el amor verdaderamente.

El resultado de su trabajo ha determinado que cuando una persona está enamorada y contempla una fotografía de la cara de la persona que aprecia (esto pudría también pasar si es de un familiar estimado, como un padre o un hermano), se produce la denominada taquicardia afectiva, es decir, el corazón sufre una desaceleración inicial para posteriormente acelerarse rápidamente.

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Todo se produce en el cerebro

Estos científicos han trabajado con una muestra formada por estudiantes, hombres y mujeres de 20 a 29 años, a los cuales pidieron que realizaran una fotografía con unas condiciones determinadas de medida y en blanco y negro de su padre o madre, así como de su pareja, con quién tenían que llevar un mínimo de seis meses de relación. Estas fotos tenían que ser neutras, es decir, sin ninguna expresión emocional de alegría o tristeza que interfiriera en la reacción de los participantes.

Posteriormente, los científicos realizaron el experimento con los participantes colocándoles sensores en la cara, en la cabeza y en las manos, consiguiendo así motorizar su afectividad fisiológica central y periférica, a la vez que se los presentaban fotografías de cinco caras: dos de personas estimadas, dos de personas desconocidas y una de un bebé.

El patrón fisiológico del amor llevado a cabo por estos científicos también revela que este sentimiento positivo actúa como un protector del estrés. Esto se explica porqué cuando los participantes se encontraban contemplando las fotografías de una persona estimada, al asustarlos (mediante un ruido fuerte introducido a través de unos auriculares) la respuesta de sobresalto que se producía era muy menor que cuando esto sucedía sin visionar la foto. Además de medir los niveles cerebrales, también se medían los niveles periféricos, y cuando aparecía la foto de la pareja de la persona que estaba realizando las pruebas, aumentaban significativamente el ritmo cardíaco y la sudoración.

La ciencia es la flecha de Cupido

Teniendo en cuenta este estudio seguro que se os vienen a la mente bastantes preguntas, pero quizás la más destacada es la que yo me hago: ¿El amor es un sentimiento o es simple química? Quizás estamos tensando demasiado la cuerda de este nuevo paradigma sobre el amor y las relaciones. Quiero decir que cada vez más se está expandiendo como una epidemia a nuestra sociedad el intento de saber  por qué se produce el amor y como. Me parece interesando el hecho de saberlo, pero sin llegar a romper los esquemas tradicionales que todos tenemos al respeto, porque tenemos a Cupido en la cama cada vez más enfermo y ahora le damos un veneno más, le decimos que el amor es simple química y que se busque otro trabajo porque el suyo nunca ha funcionado.

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Y si el amor es pura química, ¿Por qué no inventan una pastilla para devolver la magia en un matrimonio? O ¿Una píldora para hacer desaparecer el sentimiento de un amor no correspondido? Quién sabe, quizás algún día las tendremos en la farmacia más próxima, y el mal de amor se podrá combatir como un resfriado más. Pero yo de momento me aferraré a las palabras que un día recalcó Pablo Neruda y que espero que os sirvan a vosotros también: “si nada nos puede salvar de la muerte, que al menos el amor nos salve de la vida”.

DESTACADO: Desde un punto de vista químico el amor es una taquicardia afectiva, y actúa como un protector del estrés. Pero ¿Qué haremos entonces con Cupido y sus flechas?