Chiqui Tapia, de recolector de residuos a mandamás de una AFA en la que casi nadie se anima a discutir

Hugo Moyano, su ex suegro, fue clave en su camino ascendente. Sobrevivió sin problemas al cambio de Gobierno Nacional. El martes será reelecto en un universo en el que reina la unanimidad y no parece haber lugar para el disenso.

Tomó impulso durante el Gobierno de Mauricio Macri y sobrevivió al cambio con la gestión de Alberto Fernández. Claudio Tapia es el dirigente más fuerte del fútbol argentino, una situación impensada hace algunos años, cuando soñaba con jugar en Boca –el club de sus amores, más allá de Barracas Central-, mientras levantaba las bolsas de basura para Manliba. El martes 19, en una Asamblea virtual como casi todo en tiempos de coronavirus, será reelegido como presidente de la AFA. Un cargo que Julio Grondona​ ocupó durante siete lustros, hasta el día de su muerte, el 30 de julio de 2014. La votación será un año antes de la fecha prevista para las elecciones, producto de un mega acuerdo, que no es otra cosa que una muestra de un poder en el que nadie se anima a sacar los pies del plato.

¿Cómo construyó Tapia su imperio? ¿Cómo pasó de ser un directivo de Barracas Central a manejar los destinos del fútbol argentino, incluso a pesar del cambio de signo en la Casa Rosada? Tuvo un padrino político en el comienzo, es cierto. Hugo Moyano, su suegro, fue fundamental. También Daniel Angelici, el ex presidente de Boca que se niega a renunciar a su cargo como vicepresidente de la AFA por una disputa personal con Jorge Amor Ameal​.

Más allá de influencias externas, Chiqui mostró cintura en el sinuoso camino hacia la presidencia. Desde los 35 años, cuando asumió el control de los barraqueños, hizo carrera como dirigente. Antes había sido jugador del club y también de Sportivo Dock Sud. Un centrodelantero que tuvo que elegir entre su trabajo de recolector de residuos y el fútbol. Como el viático no le alcanzaba, optó por subirse al camión.

Una mesa pesada. Claudio Tapia sentado con Alberto Fernández, presidente de la Nación, Alejandro Domínguez (Conmebol) y Marcelo Tinelli (San Lorenzo). Sobrevivió al Gobierno de Macri.

Una mesa pesada. Claudio Tapia sentado con Alberto Fernández, presidente de la Nación, Alejandro Domínguez (Conmebol) y Marcelo Tinelli (San Lorenzo). Sobrevivió al Gobierno de Macri.

Tapia creció con fuerza en el Ascenso y cosechó voluntades en todas sus divisionales, el núcleo duro que lo respalda. Y hasta tejió alianzas con los clubes grandes. Negoció con Marcelo Tinelli, viejo rival, quien desde el martes 19 será el presidente de la Liga Profesional de Fútbol. Volvió a sentar en su mesa a Rodolfo D’Onofrio​, mandamás de River, con quien había tenido profundas diferencias. Hoy, más allá del excepcional cuestionamiento de San Martín de Tucumán por la definición de la Primera Nacional, nadie alza la voz contra este sanjuanino de 52 años. Como con Grondona, las críticas parecen imposibles, al menos hacia afuera. Y el lema para todos parece ser el de acompañar, a riesgo de quedar señalado por el poder.

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Tapia empezó a tomar protagonismo en Viamonte después del 38-38 y de la mano de Moyano. Cuando la Selección argentina quedó abandonada tras la muerte de Grondona, Chiqui encontró un espacio para el destaque. No fue casual que Gerardo Martino le presentara la renuncia después de la Copa América del Centenario, el 5 de julio de 2016, cuando los clubes le negaron jugadores para los Juegos Olímpicos​.

La AFA estaba acéfala y ya empezaba a formarse la Comisión Normalizadora a pedir de la FIFA. A esa altura, el entonces presidente de Barracas Central ya había trabado una fuerte relación con Lionel Messi. Ser amigo del mejor jugador del mundo sumó en su haber.

Macri le encomendó a Angelici que allanara el camino para la implementación de las Sociedades Anónimas Deportivas (SAD). Eran tiempos en los que todavía no se había roto la relación con Moyano. Hugo lo impulsaba a Chiqui, a pesar de la histórica oposición de su hijo Pablo, que renegaba de su yerno, y algunas idas y vueltas familiares. El año pasado, cuando se divorció de Paola, la relación con los Moyano se tensó más que nunca.

Ya venían a los tiros desde febrero, cuando Tapia habilitó que en pleno campeonato se elevara a cinco el número de ascensos para la Primera B Metropolitana –donde jugaba Barracas, en un campeonato con arbitrajes que en su momento fueron fuertemente cuestionados- y no había jugado la misma carta en el Federal A –donde milita Camioneros, el club de la familia sindical-.

«El hombre en la AFA ensañado en perjudicar a Independiente es Tapia, pero no nos van a poner de rodillas», disparó Pablo, vice del club de Avellaneda, ante una serie de arbitrajes que perjudicaron al equipo rojo.

Así y todo, Moyano volvió a sentarse en la mesa de Chiqui durante la última semana de febrero. Aquella noche, en Cardales, donde Tapia fue anfitrión, cenaron el líder camionero que dirige Independiente, Ameal (Boca), Tinelli (San Lorenzo), Víctor Blanco (Racing), Nicolás Russo (Lanús), Lucía Barbuto y Eduardo Spinoza (Banfield) y representantes de Vélez (Sergio Rapisarda), Estudiantes (Pascual Caiella), Argentinos (Adrián Pérez), Newell’s (Cristian D’Amico), Gimnasia (Gabriel Pellegrino, mientras su equipo estaba jugando por Copa Argentina) y Rosario Central (Ricardo Carloni). También estuvo Marcelo Achile, hombre de confianza de Tapia y presidente de Defensores de Belgrano​. 

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Almorzando con Chiqui, Tapia. Cuando era el referente del Ascenso convocó a Segura, Moyano, Angelici y varios más.

Almorzando con Chiqui, Tapia. Cuando era el referente del Ascenso convocó a Segura, Moyano, Angelici y varios más.

En su carácter de referente de la Primera Nacional, Achile rubricó en estos días la carta de apoyo a Tapia en nombre de la categoría. Aunque su máximo aliado es Pablo Toviggino, secretario ejecutivo de la presidencia y que ahora manejará la tesorería de la AFA, un puesto clave que estaba en manos de Alejandro Nadur, presidente de Huracán. El dirigente santiagueño es el «jefe de gabinete» de Tapia. Fue líder de la Liga de Santiago del Estero y del Consejo Federal, que incluye 223 ligas y más de 3.500 clubes del Interior.

La reunión en la casa de Tapia fue el alumbramiento de la Liga Profesional y el final de la Superliga. Después de que lo pidiera el Gobierno de Alberto Fernández, terminar con el “doble comando” se volvió fundamental. Y Chiqui demostró que puede acomodarse a cualquier escenario.

Con su amigo Lionel. Tapia trabó una relación muy fuerte con Messi que le dio un espaldarazo.

Con su amigo Lionel. Tapia trabó una relación muy fuerte con Messi que le dio un espaldarazo.

“Macri no representa al fútbol argentino”, dijo del ex presidente cuando Gianni Infantino​ lo designó titular de la Fundación FIFA. Y encendió el despecho de Angelici. Hoy, el Jefe de la AFA se muestra encolumnado con la política sanitaria oficial, más allá de la debacle económica que sufre la industria de la pelota en medio de la cuarentena.

“Ojalá me pueda quedar 12 años”, dijo Tapia cuando asumió el 29 de marzo de 2017. Desde diciembre puede soñar con su continuidad. La Asamblea aprobó la posibilidad de una doble reelección. Hasta 2029 tiene chances de seguir en el sillón de Viamonte. Con una impronta que parece grondonista, pero empieza a tener su sello propio.

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