El General Perón no tiene quien le escriba

Hace tres meses, el 7 de julio, el ministro Ginés González García declaró textualmente «creo que en dos o tres días comenzará a bajar la curva». También cumplimos con el deber de informar al gorilaje indignado que el pedido de la Vicepresidenta de la Nación para ser eximida del pago del Impuesto a las Ganancias sobre sus pensiones vitalicias fue rechazado por el abogado de la ANSES, un tal González. Por suerte para él, en la Argentina hay muchos González por lo que suponemos que este heroico muchacho todavía tiene alguna chance de pasar desapercibido por las fronteras y huir del país. El pedido realizado por la Vicepresidenta, en ejercicio virtual y remoto de la presidencia, ahora deberá ser resuelto por una jueza cuyo apellido no vamos a develar.

Sin embargo, seguramente la jueza terminará fallando en defensa propia, o sea a favor de la Vicepresidenta. En realidad, si estos tres jueces hubieran sido Zaffaroni, el primo de Zaffaroni y la cuñada de Zaffaroni, nadie cuestionaría sus traslados. Más allá de este asunto, con el Banco Central vacío, con 400 muertos por día, con el apoyo oficial a Maduro frente a las denuncias de la ONU y con todo un país enfurecido por la crisis, las tomas, la pobreza, la inseguridad y las geniales declaraciones de Sabina Frederic, es cada vez más dificil entretenernos con la realidad. El General Perón cierra un ojo y mide la distancia al bochín.

Don Ricardo Balbín espera su turno. Perón toma la bocha con firmeza y calcula. Perón suelta la bocha fastidiado. « Llegó la hora del pueblo, General», dice Balbín y mirando a Cámpora le indica «querido Héctor, por favor reserve una mesa grande en el restaurante Nino de Vicente López y avise que vamos para allá».

Contra la ventana, mirando hacia el exterior, está Perón vestido de Teniente General. A su lado está Balbín, de traje cruzado gris. Está Rolo Puente, Máximo , Zannini , Parrilli y hoy se suma Santiago Cafiero . A Perón se lo ve muy enojado.

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«¡Como te quiero General, sos diviiiiino!!» dice Moria que entra a escena vestida con su conchero y sus pezoneras doradas y una capa de leopardo. Cruza el salón, se tira sobre un chez lounge de terciopelo negro y se pone a acariciar un caniche blanco. « Si no me cree, cuando vuelvan al cielo pregúntele a Antonio Cafiero. » Perón sigue mirando hacia afuera.

Máximo mira para el lado de Moria. «¿Mamu?» «El Presidente es Rolo», dice Moria. Rolo Puente da un paso adelante y camina hacia el General. Le hace una sonrisa a Balbín para congraciarse y se para junto a Perón.

Rolo mira para los costados. Perón lo mira asombrado. Rolo traga saliva. El único plan que conoce es el Plan Rombo de Renault pero no se anima a decirlo.

Podría averiguar algo sobre Plan Ovalo de Ford o el Plan de Autoahorro Volkswagen pero sospecha que no es lo que Perón espera. Moria mira para otro lado. El caniche blanco aprovecha para escapar de sus largas uñas negras. También deja que Rolo se vaya incendiando solo.

Máximo, Zannini y Parrilli bajan la cabeza, posiblemente para disimular las risas