El proyecto es Máximo presidente

Lo único que sobrevive, poderoso y autoritario, es el cristinismo, la corriente interna del oficialismo que lidera Cristina Kirchner . «Transición» es la palabra que repitió en 2019 cuando eligió, ella sola, a Alberto Fernández como candidato presidencial y lo comunicó con un desabrido tuit. ¿Transición hacia dónde?, le preguntaron no pocos de sus interlocutores políticos. «Hasta que Máximo pueda ser presidente», les respondía a todos.

El Instituto Patria es la fábrica donde se construye la candidatura de Máximo Kirchner. De ahí surgió la campaña de marketing que en su momento instaló la idea de que el retoño presidencial era un estadista potencial, que solo necesitaba un país y el poder para desplegar sus capacidades. «Es la cara amable de Cristina. Amable, por ahora», lo definen, aunque agregan que comparte con su madre la misma ideología, una misma mirada antigua de la política y del mundo y los mismos prejuicios.

Amable en apariencias también, porque en la última reunión de jefes de bloque de Diputados, cuando la oposición impuso su criterio sobre las reuniones presenciales del cuerpo, Máximo se ofendió, no disimuló su enfado y se fue sin saludar a nadie. Alberto Fernández sabe que lo aguarda el relevo. Lo supo en febrero pasado, cuando el Presidente rondaba el 80 por ciento de aceptación social. El Instituto Patria lo vio como un eventual obstáculo e hizo trascender en el acto que los candidatos a presidente del cristinismo para 2023 son Máximo Kirchner y Axel Kicillof .

La versión tuvo una módica repercusión, pero algunos amigos de Alberto Fernández le dieron crédito al rumor. «El hijo está en la misma condición que la madre. Puede tener un piso alto de votos, pero jamás ganaría una segunda vuelta presidencial», dijo uno de ellos. El Presidente recibió también, de manera directa o indirecta, el mensaje.

Lee también  Eduardo Duhalde:» Seguimos sin producir y con mucho choreo»

Poco después, las formas consensuales que lo habían llevado a la cima de la popularidad giraron bruscamente hacia las mismas posiciones de Cristina. Nadie sabe qué efecto psicológico operó para que Alberto Fernández dejara de ser lo que era. «No lo reconozco», dicen muchos de sus amigos políticos que convivieron con él durante varios años. Aconsejan no comparar lo que él decía cuando estaba enfrentado con Cristina y lo que dice ahora.

Se equivoca si cree que transfigurándose en Cristina hará de esta una persona más buena. Ese objetivo consiste ahora en que Máximo Kirchner suceda a Alberto Fernández en 2023. Alberto Fernández solía decir que no hay que hacer lo mismo y esperar resultados distintos. El plan de la madre y su hijo explica muchas cosas.

En primer lugar, el ninguneo al propio Presidente, a quien muestran como un dependiente de ellos. Lo único permanente es el patrullaje de enviados de La Cámpora en todos los rincones del Gobierno. La Cámpora es la creación del hijo de los Kirchner, una cantera de militantes a los que Néstor Kirchner mandó a estudiar, a conseguir títulos universitarios y a empezar desde abajo. No deja de ser sorprendente que Alberto Fernández sea tan indiferente a la gestión concreta de la cosa pública.

Justo él, que fue muy crítico de los resultados de la gestión de Mauricio Macri , aun cuando este vivía todavía entre la gloria de los triunfos políticos. Las soluciones económicas del Presidente son remiendos que llegan siempre tarde y mal. Alberto Fernández vivió la guerra con el campo de 2008 y conoce lo que significó aquella escasez de diálogo con el único sector que puede ingresar dólares genuinos al país. Las tasas en el mundo son inexistentes mientras la Argentina podría ofrecer tasas de 6 o 7 por ciento anual.

Lee también  Se agrava la disputa de la familia Etchevehere por la toma de un campo: denuncia de amenazas y protesta contra Juan Grabois

Sin default a la vista y con esas tasas, los créditos son probables. El problema es que la presencia de Cristina le resta seguridad jurídica al país. Los empellones a la Justicia se explican también en la temprana candidatura presidencial del vástago de los Kirchner. Su madre necesita ser declarada inocente para que su hijo pueda aspirar a esa candidatura.

Y él mismo debe ser sobreseído en la causa por lavado de dinero en los hoteles y edificios de los Kirchner, de los que era el principal administrador. Los jueces Bruglia, Bertuzzi y Castelli no imaginaron nunca que sus destinos dependerían de una candidatura que ni siquiera conocen. Los jueces fueron protegidos por la Corte Suprema. Es decir, para competir con Máximo.

Cristina reaccionó con furia y fuego. También prometía que no aturdiría hablando del pasado y solo habla de Macri, al que, igual que Cristina, le atribuye la desgracia, la tragedia, lo malo y lo peor.