El gobierno ya decidió eliminar las PASO y espera «quebrar» a la oposición

En medio de la pandemia y a pesar de que toda la dirigencia del oficialismo asegura que los únicos temas de agenda del gobierno tienen que ver con la cuestión sanitaria y la reactivación económica, los debates internos del Frente de Todos no solo no se detienen, sino que en ese marco ya se tomó la decisión de eliminar las PASO para las elecciones del año que viene, y complicar de esa manera la unidad de la oposición.

El argumento central de tal medida será el mismo que viene agitando Juntos por el Cambio desde que era gobierno: el elevado costo que representan para el Estado, elecciones internas en las que la mayoría de los partidos no seleccionan a sus candidatos, sino que funcionan virtualmente como primera vuelta o gran encuesta nacional y terminan condicionan el voto en las elecciones generales.

De esta manera el oficialismo se asegura el acompañamiento de por lo menos una parte del principal bloque opositor, que la tendrá difícil para rebatir sus propios argumentos, a pesar de que en esta oportunidad es precisamente la alianza opositora la que mayor provecho le podría sacar al mecanismo que le permite jugar dentro de un mismo frente a figuras de diferentes espacios y definir abiertamente a sus candidatos.

En el Frente de Todos, la tradición peronista marca que para el cierre de listas del año que viene nuevamente la lapicera la tendrá Cristina Fernández de Kirchner, mientras que Alberto Fernández podrá colar algunos nombres propios, pero no tendrá el poder de veto que, si mantendrá su vice, en tanto que para los escenarios provinciales se volverá a buscar equilibrio con un mix que contemple a todos los espacios que conforman el frente.

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La expectativa del oficialismo es que al menos en territorio bonaerense algunos sectores del peronismo enrolados en Juntos por el Cambio no alcancen acuerdos para el cierre de listas de unidad y terminen jugando con un sello propio, quizá de la mano del armado que dejó Roberto Lavagna, y con el objetivo de consolidar un nuevo núcleo de poder bonaerense, en el marco de las negociaciones legislativas. Entra en juego en esa hipótesis la figura de Emilio Monzó, ex presidente de la Cámara de Diputados y eterno armador bonaerense.

La oposición pone en juego las bancas que obtuvo en la muy buena elección de 2017, cuando prácticamente pinto la provincia de amarillo, por lo que cualquier fuga de votos, tanto en las listas nacionales, como en las que compiten por lugares en la legislatura provincial podrían modificar sustancialmente la relación de fuerzas en ambas cámaras, con un oficialismo que tiene fuertes expectativas de revertir los números en el Senado.

Otra de las figuras de primer nivel que aparece en la hipótesis oficialista de cara a las elecciones de 2021, es el economista José Luis Espert, que el año pasado no pudo llevar candidatos en la provincia y terminó relegado a los últimos puestos si poder dotar a su fuerza de representación ni en la legislatura ni es los concejos deliberantes. Sin embargo, ahora el ex candidato a presidente cuenta con el sello de la Ucedé, que le aportó Hugo Bontempo, y se encamina a consolidar su armado recorriendo la provincia con la «ambulancia» como se dice habitualmente cuando una referente junta a los heridos de otros partidos.

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En definitiva, el gobierno ya sabe que no tendrá mayores problemas en cerrar listas únicas en todos los distritos y empieza a medir cuales pueden ser los puntos de fuga en aquellas provincias y municipios en los que existe tensión entre los espacios que conforman el Frente de Todos, pero existe confianza en que la eliminación de las PASO pondrá en crisis a Juntos por el Cambio, ya que potenciará la disputa entre Mauricio Macri y Horacio Rodríguez Larreta por la definición de los candidatos, y dejará nuevamente afuera al radicalismo, que confiaba en lograr imponerse en el territorio con la fuerza de los votos a través de las primarias.

Si todo sale bien, el peronismo espera lograr un triunfo con números mucho más prudentes que los que llevaron a Alberto Fernández a la presidencia, pero con una oposición dividida que facilitará la gobernabilidad y despejará el horizonte político al menos hasta el 2023.