La historia del monumento a la coima escondido en un edificio icónico de la avenida 9 de julio

La historia de la coima en Argentina tiene grandes hitos, pero en la década del treinta se realizaron dos escultoras en su «honor», algo inédito en el mundo y que hoy se conocen como el Monumento a la coima.

¡Señoras y señores! He aquí una historia que sólo Argentina puede ofrecerle al mundo y que muchos argentinos desconocen. En plena avenida 9 de julio se encuentra el monumento nacional a la coima. Sí, leyó bien.

«La coima es parte del ser nacional. Nos define como país mucho más que el tango», comentó José Gobello (fundador, miembro y presidente de la Academia Porteña del Lunfardo) en una entrevista que le realizaron por el año 2000. Hasta Roberto Arlt (1900-1942) en su “Tratado de la Delincuencia” habla de la coima, afirmando que está presente en todas partes: “Donde se clave la vista, allí está: invisible, segura, efectiva, certera”. La coima está en los médicos, escribanos, inspectores, abogados, oficiales de justicia, etcétera, y Arlt afirma que quien no recibe coima es “porque no puede”. Algunos exigen grandes sumas de dinero o regalos importantes, mientras los pequeños, modestos y más humildes se conforman con “un café con leche”. Pero la coima siempre está presente en los argentinos.

El edificio del Ministerio de Desarrollo Social y Salud de la Nación (antes Ministerio de Obras Públicas) tiene 22 pisos, 93 metros de altura, es el único con dirección en la Avenida 9 de julio, se inauguró en 1936 y fue el primer y único rascacielos construido sobre la avenida más ancha del mundo. Los demás se encuentran en las paralelas: Cerrito y Carlos Pellegrini, que una vez atravesada Avenida Rivadavia de norte a sur, se transforman en Lima y Bernardo de Irigoyen.

La construcción fue llevada a cabo por la empresa de José Scarpinelli, dirigida por el ingeniero Marcelo Martínez de Hoz y supervisada por el ideólogo de la obra José Hortal.

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Desde el 2010 se encuentra la figura de Eva Perón en los laterales sur y norte del edificio del Ministerio de Salud. Allí se observa el lugar en el cual se encuentran las esculturas.

Desde el 2010 se encuentra la figura de Eva Perón en los laterales sur y norte del edificio del Ministerio de Salud. Allí se observa el lugar en el cual se encuentran las esculturas.Wikipedia

En su terraza se instaló la antena emisora que el 24 de septiembre de 1951 permitió realizar la primera transmisión televisiva de la Argentina. En 1955, aviones de la Armada Argentina bombardearon la Plaza de Mayo y luego atacaron también el edificio del ministerio, con bombas y metrallas. Allí, Eva Perón dio su inmortal discurso del «renunciamiento». Y en la década del noventa, el inmueble sobrevivió a los intentos de demolición durante la presidencia de Carlos Menem.

El edificio ya es un ícono de la ciudad de Buenos Aires y desde marzo de 2010, tras haber sido declarada Mujer del Bicentenario, se decidió instalar sobre las fachadas norte y sur dos retratos de Eva Perón realizados en estructuras de hierro que se iluminan por la noche.

Pero hay un detalle, o mejor dicho dos, en el edificio. Allí se encuentra el Monumento a la coima, único en el mundo. Es muy probable que haya pasado desapercibido en las fotografías que los turistas capturan, pero aquí se conocerá parte de la historia. No hay certezas ni indicios concretos.

Monumento a la coima. En cada esquina (norte y sur) del Ministerio se puede observar las dos escultoras que realizó José Hortal.

Monumento a la coima. En cada esquina (norte y sur) del Ministerio se puede observar las dos escultoras que realizó José Hortal.Wikipedia

En el segundo piso del edificio del ministerio se encuentran dos figuras que denuncian, según el mito, la corrupción que pesaba sobre Buenos Aires en la década del treinta, más aún las presiones que tuvo que soportar Hortal durante la creación.

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Las esculturas de art decó no aparecen ni en el proyecto del edificio, ni en los planos. Diversos historiadores y arquitectos argentinos dan por cierto que su creación fue una decisión espontánea de José Hortal, frente a las presiones e intentos de coima que estaba sufriendo en relación con el conflicto que esta obra suponía en la planificación de la avenida 9 de Julio.

En el segundo piso del edificio del ministerio se encuentran dos figuras que denuncian, según el mito, la corrupción que pesaba sobre Buenos Aires en 1930, más aún las presiones que tuvo que soportar Hortal durante la creación.

El monumento a la coima se conforma de dos estatuasUna con un cofre en las manos y la otra con una mano extendida hacia atrás, pegada al cuerpo, con la palma hacia afuera, mirando hacia abajo con un dejo de vergüenza o culpa.

En esas esculturas se plasman la tragedia y la picardía argentina que empezaría a marcar la historia de la coima en relación a los tiempos que vendrían años después. Este monumento, estas dos esculturas, seguirán presentes, frías, estáticas, con culpa. Observarán por siempre al argentino desde el edificio ubicado en el corazón de la 9 de Julio. Claro, a menos que algún gobierno no quiera reconocer que la coima ha definido al país y lo envíe a demoler.