Bolivia vota hoy una primera vuelta muy reñida y con el partido de Evo Morales acariciando la presidencia

Se le llama parto al estilo boliviano porque nada en la historia del país andino es tranquilo. El último ejemplo es el proceso electoral que culmina hoy en Bolivia, primera vuelta presidencial, tras varios aplazamientos y un año después de las elecciones anuladas por el fraude oficialista. Un boomerang de dimensiones insospechadas que se llevó por delante a Evo Morales tras 14 años en la Presidencia.

La obsesión por el poder del líder indígena, apoyado por sus aliados revolucionarios, abrió la caja de los truenos que hoy le mantiene en su exilio argentino, al frente de la campaña del Movimiento Al Socialismo (MAS) y entre acusaciones de todo tipo lanzadas desde el gobierno provisional. Desde entonces han sucedido tantos acontecimientos que Netflix necesitaría una serie de varias temporadas para narrarlos: exilios, asedios a las ciudades, muertes en las calles, presidenta provisional desconocida, mediaciones internacionales, la corrupción de antes y la de ahora y escándalos amorosos en medio de una pandemia que ha golpeado duramente a su sociedad.

Semejante carrusel ha provocado que tensión e incertidumbre se mezclen en los días previos a la jornada electoral de forma peligrosa, incluido el temor de los observadores de la Unión Europea. La historiadora Lupe Cajías aprovecha tal coyuntura para rematar su teoría del parto al estilo boliviano: «Al mismo tiempo este pueblo mantiene la ternura y al final no somos tan guerreros como parece. Las elecciones se van a llevar en un buen ambiente más allá de los sectores duros del MAS y otros radicales. Mucha tensión pero se van a resolver los asuntos hasta el último momento. El Tribunal Electoral ha demostrado mucha más institucionalidad de la que se podía esperar.».

De momento la batalla se centra en las urnas, que hoy se abren para que más de siete millones de bolivianos decidan si le dan su confianza al ex ministro Luis Arce, candidato del Movimiento Al Socialismo (MAS), o de si apuestan por la moderación del candidato centrista, Carlos Mesa, quien ya ejerció como presidente durante casi dos años.

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«El resultado está tan ajustado que no descarto absolutamente nada. Dependerá de un voto muy emotivo por los indecisos. Un final abierto con un resultado altamente imprevisible», concreta para EL MUNDO.es el politólogo Marcelo Arequipa.

Así lo confirman las encuestas, que sitúan a Arce cerca del objetivo que marca la ley electoral: alcanzar el 50% de los votos o superar la barrera del 40% con más de 10 puntos de ventaja sobre Mesa, en pleno ascenso tras la retirada de varios candidatos, entre ellos Jeanine Áñez, presidenta interina.

El tercer candidato en disputa es Luis Fernando Camacho, quien agarrado a un discurso radical y religioso busca el milagro, aunque deberá conformarse con ser el fiel de la balanza: si consigue aumentar sus apoyos, sobre todo en Santa Cruz, empujará al poder a quien combatió en las calles el año pasado al encabezar la rebelión contra los abusos del oficialismo.

ENCUESTAS Y VOTO ÚTIL

EL MUNDO.es accedió a una encuesta de los últimos días, ajena a los partidos, que confirma lo ya adelantado, pero con una novedad: el MAS roza la victoria total, pero en las últimas 48 horas se percibe traslado de voto útil desde Camacho a Mesa. El miedo puede ser catalizador para confirmar la segunda vuelta, que se celebraría a finales de noviembre.

«En general, en la campaña hubo tolerancia y sólo pequeños incidentes, con aceptación tácita de los resultados. Pero es una carrera donde en algunos departamentos el porcentaje mayor es de los indecisos, con un voto secreto muy fuerte, un factor sorpresa que puede cambiar el resultado», pronostica Cajías, sabedora de que las ciudades son el bastión del antimasismo y de que Arce es muy fuerte en las mismas zonas indígenas donde lo era Evo.

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Atrás quedan 12 meses con un polémico Gobierno provisional de quien fuera oposición durante casi una década y media, «que no supo aprovechar su oportunidad histórica de marcar el inicio de un nuevo proyecto político postmasista en Bolivia, y más bien se ha dedicado a desgastarse mucho. El MAS ha intentado readecuarse a los tiempos de manera intempestiva e impensada estando Morales aquí. Un periodo muy corto en el que lo económico y lo social se han convertido en las preocupaciones más hondas de la población», precisa Arequipa.

Una de las preguntas por responder es la del futuro de Morales, aunque en la campaña se ha comprobado que el ex presidente no es imprescindible para el MAS. «Para nada el voto a Arce es un voto para Morales. El MAS ha pasado una prueba de consistencia, que tenía que ver con rebatir esa tesis de que si Evo no estaba, el MAS iba a dejar de existir. El MAS ha demostrado que hay más masismo que evismo. No se trata de salvar o reivindicar a Evo, sino de reivindicar un proyecto político«, sentencia Arequipa.