De Perón a Cristina, la tentación política en el aula

“Basta de gataflorismo”. Con esa frase, y mucho enojo, Cristina Kirchner defendió la presencia de La Cámpora en las escuelas públicas e intentó terminar la polémica que se había levantado. Era agosto de 2012, ella era presidenta y el Gobierno porteño, a cargo de Mauricio Macri, había habilitado un 0 800 para que los padres denunciaran cualquier intromisión partidaria en las aulas. La cuestión excedía a la Ciudad, – legisladores del Pro hablaron de unos cuarenta casos también en Provincia, Chubut, La Pampa. Mendoza y otros distritos- y de la Academia Nacional de Educación para abajo hubo pronunciamientos de todo tipo.

Las actividades, según se denunció, formaban parte de un taller llamado “El héroe colectivo”, creado por la Dirección de Fortalecimiento de la Democracia, dependiente de la Jefatura de Gabinete, y a cargo del dirigente camporista Franco Vitali. Era una suerte de juego en el que los alumnos debían debatir asuntos públicos, desde una óptica kirchnerista, y tenía como figura central al héroe de la historieta El Eternauta, de Héctor Oesterheld, tomado como ícono por los militantes de La Cámpora, reconvertido en el Nestornauta. En una nota de entonces, La Nación cita declaraciones de Vitali a Télam, al presentar el taller en el Colegio Nacional de Buenos Aires: “ Creemos que este momento político requiere una participación fuerte de los jóvenes, sobre todo para defender este modelo de país que desde 2003 para acá ha empezado con Néstor y ahora con Cristina necesita consolidarse”.

La combinación de política con aulas volvió a reflotarse en la última semana, a raíz de los dichos de la ministra de Educación porteña, Soledad Acuña, acerca de maestros “que eligen militar en vez de hacer docencia” y exhortando a los padres a denunciar situaciones de “adoctrinamiento” en los colegios. Las generalizaciones suelen ser injustas pero tampoco se pueden desconocer algunos antecedentes inquietantes. Como la guía de CTERA con la que trabajaron alumnos acerca del caso de Santiago Maldonado, bajando línea sobre “desaparición forzada”. O el cuento “El Gorila gorilón”, para jardín de infantes, subido semanas atrás a un portal educativo de Entre Ríos dependiente del Consejo General de Educación de la provincia que ponía en cuestión la meritocracia y el esfuerzo individual y con las críticas desatadas por “adoctrinamiento” llevó a separar del cargo a la responsable del área. O los libritos infantiles destinados a mayores de 4 años para que “aprendan sus derechos jugando”, repartidos en plazas en 2015 por el Ministerio de Desarrollo Social a cargo de Alicia Kirchner donde aparecían Evita y Cristina.

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Cuando la polémica mencionada al comienzo estalló en 2012, algunas voces dentro del oficialismo se levantaron, críticas. Oscar González, entonces jefe de Gabinete de la Córdoba gobernada por José Manuel de la Sota, dijo: ”Al sistema educativo hay que preservarlo de toda influencia político-partidaria. Hay que mantener las escuelas al margen; el peronismo ya cometió un error de esta naturaleza, eran otros tiempos, estamos hablando de hace más de 60 años, o en los ‘70”.

Por caso, así eran los libros de lectura obligatoria que, en los años 50, incluían desde los principios de la doctrina peronista, hasta retratos y textos elogiosos sobre Perón y Evita, en un desembozado culto a la personalidad, pasando por la Declaración de la Independencia económica pronunciada por Perón en 1947. Como ejemplos, una poesía hablaba de “tres amores en mis días: Perón, mamita y papá”, mientras otro rezaba “Perón es el líder. Todos aman a Perón.Todos cantan ‘Viva Perón’. ¡Viva el Líder! ¡Viva!”.

En agosto de 2012, mientras arreciaban las denuncias, la Academia Nacional de Educación exhortó al cumplimiento del artículo 3 de la Ley de Educación Nacional: “La educación es una prioridad nacional y se constituye en política de Estado para construir una sociedad justa, reafirmar la soberanía e identidad nacional, profundizar el ejercicio de la ciudadanía democrática, respetar los derechos humanos y libertades fundamentales y fortalecer el desarrollo económico-social de la Nación”. Las aulas no pueden ser ajenas a la política. La actividad partidaria es otra cosa.