“En Tucumán, si no nos mata la covid lo hacen los chorros”

El sindicato de cadetes y repartidores volvió a quejarse de la inseguridad en las calles luego de que se les informara que un mensajero había sido herido de un disparo durante un robo.

Un nuevo ataque a un cadete volvió a despertar el malestar entre los repartidores de la provincia, quienes, según le aseguraron a LA GACETA, buscarán manifestarse una vez más en contra de la inseguridad que los acecha durante su actividad laboral.

Ayer, a las 0.30 aproximadamente, un repartidor fue emboscado en Vicente Gallo y Américo Vespucio. En esa esquina, donde concluye el pavimento de la primera calle, un grupo de delincuentes habría rodeado al mensajero a punta de pistolas. El joven habría resuelto soltar el vehículo y correr para protegerse, pero los bandidos le dispararon en una de sus piernas y le vaciaron los bolsillos. Al hecho lo denuncian los miembros de la Asociación Sindical de Motociclistas, Mensajeros y Servicios (Asimm). Hasta ayer a las 16 horas, no se habría radicado la denuncia en la comisaría 8ª, según las fuentes policiales de ese destacamento. El joven fue trasladado en ambulancia hasta un hospital céntrico.

“Estamos cansados de que no haya una respuesta en el tema seguridad. No estamos discutiendo una paritaria: hablamos de poder salir tranquilos a trabajar. Discutimos sobre la vida de un chico al que balearon y que gracias a Dios puede contarla, no como otros compañeros que lamentablemente perecieron. En Tucumán, si zafás de la covid-19, te matan los motochorros”, argumentó Hugo Santucho, referente del Asimm.

Contundente, el sindicalista pidió no olvidar e Alejandro Sánchez y a Javier Gómez, dos colegas suyos que fueron asesinados el año pasado por delincuentes que les robaron el rodado. “Estamos hartos de ver familias destruidas por la muerte de un hijo, de un padre vulnerable que fue asesinado por salir a trabajar”, subrayó.

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Santucho aseveró que se cansaron de las “falsas promesas”. Según advierte, el Gobierno no les ha brindado ninguna solución a los planteos realizados. “Les hemos pedido que ordenen la actividad, que la regularicen para que tengamos un seguro por lo menos. No lo hacen. Es un hecho que vamos a seguir trabajando en la informalidad lamentablemente; pero ni siquiera una seguridad como ciudadanos nos brindan”, protestó.

“Nos hemos reunido con el ministro Claudio Maley, con legisladores y demás. No entendemos por qué no aplican la Ley Antimotochorros. No entendemos por qué no coordinan un corredor seguro para los cadetes, como se ha logrado en algunos municipios. Nuestras vidas no valen para ellos, todas son promesas que no cumplen”, añadió indignado.

Según explicó Santucho, hasta anoche había intentado comunicarse, sin éxito con la víctima del asalto, quien perdió su celular tras el ataque. “Hoy esa persona está internada, no tiene obra social ni seguro que lo contemple por su actividad, pero lo peor es que tampoco puede trabajar y llevar el pan a su mesa. Cada vez que le pasa algo así a un compañero lo sufrimos todos. Nos aterra porque a la noche hay que ponerse la mochila, subir a la moto y salir a arriesgar la vida de nuevo”, concluyó.

“Barrios desolados”

La calle Vicente Gallo, al sur de la capital ni siquiera está completamente numerada. A la altura del 2.000, el cemento concluye y el camino de tierra comienza a achicarse. La última esquina pavimentada, es el límite para los pocos cadetes que asumen hacer un viaje para los barrios Smata y San Miguel. “Aquí todo el tiempo roban motos. Anoche escuché el disparo, pero no estaba al tanto de lo que había pasado”, indicó Ana Domínguez a LA GACETA.

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“Fue terrible porque aquí todos demoran: la Policía, las ambulancias. Temíamos que el chico se desangrara, pero por suerte esta vez la emergencia no demoró tanto”, aseveró Cristian, uno de los vecinos que auxilió al muchacho herido, según le contó a sus compañeros de Asimm.

A la altura de Vicente Gallo al 3.200, Ricardo Cruz explicó que los repartidores y los taxis no llegan hasta esa zona. “Aquí los barrios son desolados. La Policía muy rara vez baja de avenida Independencia: ahí montan el control y ya está. ¿Una ambulancia? 40 minutos y si insistís en las llamadas. Si te pasa algo hay que ir hasta el CAPS y la comisaría de barrio San Martín, y encima a veces te discuten que no somos de su jurisdicción”, lamentó.