Paula Argañaraz: “en esta provincia nunca ganan las buenas personas»

“Siento tristeza porque pienso que en esta provincia nunca ganan las buenas personas, sino los que mienten y los que se esconden”, explicó Paula Argañaraz, la joven que fue atropellada por un menor hace cuatro años y que aún no consigue que la Justicia resuelva su caso.

El 4 de junio de 2017, la joven, que hoy tiene 22 años, cruzó la avenida Aconquija y fue arrollada por un vehículo que se dio a la fuga. Días después, la odontóloga María Berta Poliche se presentó ante el fiscal Diego López Ávila para informar que ella conducía el vehículo, que luego sería secuestrado en un country de esa ciudad. A las pocas horas, se descubrió que la profesional había mentido para proteger a su hijo, Serafín Ríos, que tenía 16 años.

A partir de ese momento se inició una batalla legal y Paula luchaba por su vida en un sanatorio. Debió soportar varias operaciones y, hasta el día de hoy, sigue sufriendo las secuelas por lo sucedido y el dolor vuelve, dice, al no obtener respuestas por parte de la Justicia.

López Ávila pidió en 2018 que Ríos sea enjuiciado por el hecho. En septiembre de 2019, cuando el caso estaba cerca de llegar a debate, los defensores del acusado, Arnoldo Ahumada y Fernanda Battig, propusieron una probation (suspensión a juicio a prueba) para evitar enfrentar a un tribunal. Los profesionales sostuvieron que su asistido podría recibir una pena de entre dos y cuatro años de cárcel, lo que podría llevar al cumplimiento condicional, sin ir a prisión. Además, ofrecieron una reparación económica para la víctima de $ 1 millón por los daños, que pagarían en cuotas. A la vez, propusieron pautas de conducta de Ríos, como realizar tareas comunitarias en una parroquia del barrio Juan XXII (“La Bombilla”). Pero no hubo acuerdo, porque fue rechazado por la víctima y por el fiscal de Cámara Carlos Sale.

El caso indefectiblemente debería haber llegado a juicio, pero en 2020 no se produjo por la pandemia. Al entrar en vigencia el 1 de septiembre el nuevo código, la causa tuvo un cambio. Todos los expedientes en los que se encuentran involucrados menores, deben adecuarse al sistema adversarial. Para el lunes estaba previsto que se realizara la primera audiencia, pero se suspendió porque el padre del acusado dijo que no tenía defensores.

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Se le dio un plazo de 72 horas para que designara uno. El viernes el imputado volvió a presentarse sin un profesional porque no lo había conseguido. El trámite volvió a suspenderse hasta nuevo aviso, según lo dispuso la jueza Judith Solórzano.

“Siento una enorme impotencia ante tanta injusticia. A pesar de que lo veo todos los días, no sólo en mí, sino también en otras personas que pasan por lo mismo. Me niego a acostumbrarme, a aceptarlo y a hacer de cuenta que nada pasó”, explicó la joven al salir de la audiencia.

– ¿Cómo se siente al convivir con todo esto?

-. Me siento triste y cansada de ver cómo en el día a día como siempre terminan ganando los villanos, a diferencia de lo que pasa en las películas, donde siempre ganan los héroes. Creo que debería darse el ejemplo de que al menos en este caso particular sí se hizo justicia.

– ¿Por qué rechazaron el acuerdo que le ofrecieron?

– Porque era una burla. Entre otras cosas se comprometía a rendir las materias que debía del secundario. Como si estudiar fuera alguna especie de castigo, o como si estudiando me devolviera algo de tiempo que perdí en estos cuatro años o si solucionaron los problemas de salud que aún tengo. El monto de dinero que ofrecieron pagar en múltiples cuotas no llegaba a cubrir todos los gastos que tuvo que afrontar mi familia para que me recuperara.

– ¿Hubo alguna razón particular que genere tanta demora?

– Siempre están buscando la manera de escapar de la Justicia. Inventan o cambian de domicilios para que no se los pueda ubicar y así no reciban las notificaciones. Acuden a las audiencias sin abogados por los que se las debe reprogramar. Es algo esperable de personas así que hacen daño y se esconden. Llevan casi cuatro años haciendo lo mismo.

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– ¿Pudo rehacer su vida?

– Esa es la pregunta más difícil de contestar. Mi vida nunca pudo, ni podrá volver a ser igual. Sí me acostumbre y lo disimulo bastante bien (se ríe al terminar la frase). Pude volver a muchas de mis actividades, lo cual no fue fácil y sigo teniendo problemas. Siento dolores todos los días. Me duele al caminar, al estar parada, sentada y eso antes no pasaba. A veces el dolor me tira en la cama. Tuve que acostumbrarme a hacer todo desde ahí. Generalmente no cuento esto , trato ser fuerte, porque para mi familia tampoco es fácil verme triste y dolorida.

– ¿Cómo es su vida cotidiana?

– La gran protagonista de mi vida es la pierna accidentada. Siempre debo estar cuidándola porque me duele y se hincha. Si voy a estudiar debo usar un vendaje especial para que no se inflame. Todos los días debo pensar cómo se presentará para elegir el calzado más cómodo para aguantar el dolor. Todos los días hago rehabilitación y también lo complemento en el gimnasio.

– ¿Qué sensación le queda de que el caso no haya llegado a juicio?

– Una mezcla de sensaciones, en realidad. Siento impotencia de nuevo ante la pérdida de tiempo que generan. Pienso que pasé por tantas cosas mientras Serafín continúa con su vida, manejando autos, saliendo con sus amigos, corriendo y muy saludable. Me entristece pensar que pasaron cuatro años y él sigue sin recibir castigo.